El Sábado, México puso en vigor una prohibición gubernamental de la comida basura en las escuelas, destinada a combatir uno de los índices de obesidad y diabetes más elevados del mundo. Esta iniciativa sigue las directrices sanitarias publicadas el pasado otoño, que se centran específicamente en los alimentos procesados populares entre los escolares, como las bebidas azucaradas y los aperitivos envasados.
El anuncio del Ministerio de Educación en las redes sociales hizo hincapié en la importancia de una alimentación sana y animó a los padres a preparar comidas nutritivas para sus hijos. El Secretario de Salud Pública, Mario Delgado, destacó la gran aceptación de esta política entre las familias, lo que marca un cambio significativo hacia la promoción de una vida sana en las escuelas mexicanas.
Como parte de esta iniciativa, las escuelas están obligadas a eliminar los refrigerios y bebidas con alto contenido de sal, azúcar o grasa, como lo indica el sistema de etiquetado frontal obligatorio introducido en 2020. En su lugar, se espera que las instituciones sirvan alternativas más saludables como tacos de frijoles y agua potable simple.
Según UNICEF, México tiene el mayor consumo de comida basura de América Latina, lo que contribuye a graves problemas de obesidad infantil, con alrededor de un tercio de los niños mexicanos clasificados como obesos o con sobrepeso. Los padres, como Aurora Martínez, apoyan la prohibición como un cambio necesario para lograr entornos escolares más saludables.
Sin embargo, la aplicación de la prohibición puede resultar difícil debido a la ineficacia de las medidas anteriores y a la falta de recursos de muchas escuelas.
Mientras que las multas escolares por incumplimiento alcanzan los miles de dólares, frenar eficazmente a los vendedores ambulantes de comida basura fuera de los campus añade una capa adicional de complejidad a esta iniciativa sanitaria. No obstante, los expertos creen que, con perseverancia, pueden lograrse mejoras a largo plazo.