El nuevo presidente de Chile, José Antonio Kast, representa un cambio más amplio hacia un liderazgo conservador en América Latina. Católico practicante y miembro del movimiento Schoenstatt, Kast ha enfatizado abiertamente valores tradicionales, oponiéndose al aborto, al matrimonio entre personas del mismo sexo y a ciertas políticas de salud reproductiva.
Ganó la presidencia con el 58% de los votos tras hacer campaña sobre temas como la seguridad y la inmigración, alineándose con otros líderes de derecha en la región. Mientras sus seguidores lo ven como un líder con un plan claro y una base moral sólida, sus críticos temen que sus creencias puedan frenar el progreso en los derechos LGBTQ+ y de las mujeres.

El ascenso de Kast ocurre en un momento en que Chile se vuelve cada vez más secular, con menos ciudadanos que se identifican como católicos, aunque los valores tradicionales siguen influyendo en la sociedad. Su formación religiosa resuena con algunos votantes que valoran un liderazgo basado en la fe, pero otros se mantienen cautelosos sobre cómo sus ideas podrían influir en las políticas públicas. Los expertos sugieren que, en lugar de cambios inmediatos, su presidencia podría influir gradualmente en las políticas sociales al debilitar protecciones existentes o ralentizar reformas. Por ello, su gobierno está siendo observado de cerca tanto dentro de Chile como en toda la región.