Carlos Uzcátegui y otros migrantes venezolanos se reunieron con alegría con sus familias en Venezuela tras ser liberados de cuatro meses de prisión en El Salvador, donde fueron detenidos bajo acusaciones estadounidenses de pertenencia a pandillas, una medida que forma parte de una amplia campaña de represión migratoria.
Las familias compartieron momentos emotivos cuando los migrantes, que describieron abusos y malos tratos graves, regresaron a casa, lo que puso de relieve las duras condiciones a las que se enfrentan en las cárceles salvadoreñas. El Gobierno venezolano ha condenado las supuestas torturas, que incluyen palizas y violencia sexual, y está investigando estas denuncias en medio de tensiones diplomáticas.

Las deportaciones se derivaron de un acuerdo entre Estados Unidos y El Salvador en el que los migrantes, a menudo juzgados por sus tatuajes y su apariencia, fueron detenidos y deportados sin pruebas claras de su pertenencia a pandillas, lo que suscitó preocupaciones sobre detenciones injustificadas. Muchas de estas personas, como Uzcátegui, emigraron en busca de mejores oportunidades económicas tras las dificultades locales, solo para verse envueltas en controversias geopolíticas y migratorias. Su regreso pone de relieve los problemas actuales en torno a la migración, los derechos humanos y la política exterior de Estados Unidos en América Latina, y algunos migrantes reclaman justicia y responsabilidad por el trato recibido.