Skip to main content

Antes de escalar el Huayna Potosí, de 6000 metros de altura, Ana Lia González Maguiña revisa su equipo como cualquier alpinista: cuerda, arnés, ropa de abrigo, pero también una pollera rosa chillón, la falda tradicional de las mujeres indígenas andinas. La pollera, impuesta en su día por los colonizadores españoles, ha sido recuperada como símbolo de orgullo e identidad en Bolivia.

González Maguiña y otras «cholitas» la llevan puesta mientras escalan montañas, trabajan en minas, patinan o practican deportes, insistiendo en que no limita su fuerza ni su capacidad, sino que honra sus raíces y su resiliencia en ámbitos dominados por los hombres.

Sin embargo, este empoderamiento se enfrenta a la incertidumbre bajo el nuevo gobierno conservador de Bolivia, el primero en casi dos décadas sin representación indígena. Tras años de visibilidad y avances políticos bajo el mandato del expresidente Evo Morales, algunas mujeres que llevan pollera temen que sus derechos, conseguidos con tanto esfuerzo, se vean erosionados, citando la eliminación de los símbolos indígenas y la falta de representación en el poder. Aun así, González Maguiña mantiene la esperanza: las mujeres indígenas, dice, ya han demostrado su fuerza y están preparadas para reclamar su lugar en el futuro.