En una calurosa tarde en La Habana, decenas de personas en bicicletas, scooters y motos eléctricas esperan para abordar el Ciclobús, un autobús adaptado que los transporta junto a sus vehículos a través del túnel de la bahía. Con capacidad para unos 60 pasajeros por viaje y más de 2,000 al día, este servicio cubre apenas 3 kilómetros en unos 15 minutos. Los usuarios suben por una rampa y permanecen junto a sus medios de transporte durante el trayecto, ya que estos no pueden circular por el túnel.

Aunque existe desde hace décadas, el Ciclobús se ha vuelto esencial en medio de la crisis energética agravada por restricciones de combustible impulsadas durante la administración de Donald Trump. Con la gasolina racionada y el transporte público prácticamente paralizado, las calles de la ciudad han quedado dominadas por vehículos ligeros. Para muchos, este autobús es la opción más económica y viable para cruzar la ciudad, especialmente frente a los altos costos de los taxis en relación con los bajos salarios locales.