La Policía Nacional de Haití enfrentó fuertes críticas el jueves por no haber podido prevenir un ataque de pandillas en Kenscoff que dejó 47 personas muertas y más de 50 secuestradas.
El portavoz policial Garry Desrosiers ofreció pocos detalles sobre los esfuerzos para rescatar a los rehenes y dijo que las autoridades no podían revelar públicamente sus planes.
El ataque desplazó a más de 2.600 personas, según la Organización Internacional para las Migraciones de la ONU, mientras la policía reconoció que está al tanto de amenazas contra otras zonas, incluido Tabarre, donde se encuentra la Embajada de Estados Unidos. El director de la Policía Nacional, Vladimir Paraison, ordenó una investigación para determinar si el ataque fue consecuencia de negligencia o complicidad.

La violencia ocurre mientras Haití enfrenta un deterioro de la seguridad, desplazamientos masivos y un aumento de la pobreza. El jueves, Estados Unidos deportó a más de 50 personas a Haití, entre ellas el boxeador profesional Jay Dabelus, quien afirmó que había vivido en Estados Unidos durante más de 20 años y que no tenía familiares ni recursos en Haití. El vuelo fue el segundo de deportación desde que terminó el Estatus de Protección Temporal para unos 350.000 haitianos. La violencia de las pandillas ha desplazado a casi 1,5 millones de personas en todo el país, mientras que más de 3.050 personas fueron asesinadas entre enero y junio. Los grupos armados controlan actualmente aproximadamente el 70% de Puerto Príncipe y amplias zonas del resto del país.