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En La Habana, Laura Mendoza distribuye medicamentos gratuitos dos veces por semana mediante su iniciativa “La medicina no se vende”. Con apoyo de organizaciones humanitarias, donantes y voluntarios, ayuda a cubanos que tienen dificultades para conseguir antihistamínicos, antibióticos y otros medicamentos esenciales.

La crisis económica, la falta de combustible y las restricciones financieras de Estados Unidos han agravado la escasez. De los 603 medicamentos incluidos en la lista básica del Ministerio de Salud de Cuba, poco más de un tercio están disponibles. Ante esta situación, muchas personas recurren a vendedores informales y grupos de WhatsApp y Telegram para conseguir sus tratamientos.

En julio, las autoridades cubanas aprobaron regulaciones para permitir la apertura de farmacias privadas, como parte de reformas económicas más amplias. Sin embargo, persiste la preocupación por los precios y el acceso a los medicamentos. Para muchos jubilados y familias de bajos ingresos, comprar medicinas en el mercado informal resulta prácticamente imposible.

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