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El huracán Melissa azotó el Caribe esta semana, dejando decenas de muertos y miles de personas sin hogar en Cuba, Haití y Jamaica. La tormenta de categoría 5, con vientos que alcanzaron los 295 km/h, arrancó los techos de las casas, derribó líneas eléctricas y provocó mortíferos deslizamientos de tierra. En Jamaica, más de 25 000 personas buscaron refugio en albergues, ya que el 77 % de la isla se quedó sin electricidad. Las autoridades informaron del derrumbe de hospitales y la inundación de comisarías, y los residentes pedían ayuda. En Haití, se confirmó la muerte de al menos 23 personas y la desaparición de 13, la mayoría en la ciudad sureña de Petit-Goâve, donde las inundaciones arrasaron las viviendas.

Cuba también sufrió graves daños cuando Melissa tocó tierra el miércoles, arrasando edificios y cortando carreteras, mientras cientos de miles de personas permanecían en refugios. El presidente Miguel Díaz-Canel prometió esfuerzos inmediatos de recuperación, aunque la tormenta amenaza con agravar la crisis económica del país. El miércoles por la tarde, Melissa se había debilitado hasta convertirse en una tormenta de categoría 3 mientras se dirigía hacia las Bahamas, donde se estaban llevando a cabo evacuaciones. Los equipos de rescate estadounidenses y los gobiernos del Caribe se están movilizando para entregar ayuda y restablecer las comunicaciones en lo que los líderes califican como una de las tormentas más destructivas de la región en la historia reciente.