Decenas de miles de mujeres de todo Brasil se reunieron en ciudades como Río de Janeiro y São Paulo para protestar contra la violencia de género tras el aumento de los feminicidios, las violaciones y la misoginia, intensificados por casos recientes de gran repercusión mediática.

Las familias de las víctimas, como Alline de Souza Pedrotti, cuya hermana fue asesinada por un compañero de trabajo, y otras personas afectadas por delitos violentos como el incidente de arrastre y el asesinato de Catarina Kasten, compartieron sus historias, lo que impulsó el movimiento. Los manifestantes pidieron cambios legislativos y nuevos protocolos para prevenir tales tragedias, haciendo hincapié en que la violencia contra las mujeres ha alcanzado niveles récord, con más de un tercio de las mujeres sufriendo violencia sexual o de género cada año, y los feminicidios alcanzando un pico de 1492 víctimas el año pasado.
Las protestas también pusieron de relieve los problemas sociales más amplios que alimentan la violencia, como las actitudes machistas y el retroceso de las políticas de derechos de la mujer bajo el mandato del expresidente Jair Bolsonaro. Los participantes exhibieron símbolos como cruces negras y pañuelos verdes, y compartieron mensajes exigiendo justicia e igualdad. Tanto los activistas como los ciudadanos de a pie hicieron hincapié en la importancia de que los hombres se opongan activamente a la misoginia en la vida cotidiana, y muchos reconocieron que el cambio social debe implicar una responsabilidad colectiva para frenar eficazmente la violencia y promover la igualdad de género en Brasil.