La populista conservadora Laura Fernández ganó la presidencia de Costa Rica en una decisiva victoria en la primera vuelta, posicionándose para continuar la línea política marcada por su mentor y presidente saliente, Rodrigo Chaves. Con el 96,8 % de los colegios electorales escrutados, Fernández, del Partido Popular Soberano, obtuvo el 48,3 % de los votos, muy por encima del umbral del 40 % necesario para evitar una segunda vuelta, mientras que su rival más cercano, el economista Álvaro Ramos, del Partido Liberación Nacional, quedó rezagado con un 33,4 %.
Ramos reconoció su derrota el domingo por la noche y prometió una «oposición constructiva», mientras las autoridades electorales se preparan para el recuento manual definitivo.

Fernández, exministra de Planificación y posteriormente ministra de la Presidencia bajo el mandato de Chaves, hizo campaña a favor de ampliar su agenda reformista y de confrontación, en medio de la creciente preocupación por la delincuencia. Afirmó que su prioridad es consolidar el desarrollo e impulsar el crecimiento económico para hacer frente a los retos globales, y pidió a los costarricenses que dejen de lado las divisiones partidistas. Aunque algunos votantes culpan al Gobierno saliente de no haber logrado frenar la violencia, muchos respaldaron a Fernández como la mejor opción para restaurar la seguridad. En las elecciones se presentaron 20 candidatos presidenciales, aunque ninguno, salvo Fernández y Ramos, superó el 5 % de los votos.