SANTA CRUZ DEL NORTE, Cuba — En este pueblo costero que produce petróleo y alberga una de las mayores plantas termoeléctricas de Cuba, los residentes viven, paradójicamente, en una oscuridad casi constante. A medida que las acciones de Estados Unidos contra Venezuela interrumpen los envíos de crudo y profundizan las tensiones con Cuba, los apagones diarios han regresado, obligando a las familias a cocinar con carbón y leña que apenas pueden costear.
Incluso mientras la planta eléctrica vuelve a arrancar de forma intermitente, la gente permanece rodeada de energía a la que no puede acceder, enfrentando escasez de alimentos, combustible y bienes básicos.
La crisis está transformando la vida cotidiana en toda la localidad. Madres desmantelan partes de sus casas para obtener leña, pensionistas sobreviven con apenas unos dólares al mes y las familias racionan la comida mientras esperan una electricidad que quizá no llegue. Las autoridades cubanas han ofrecido pocos detalles sobre las reservas de petróleo o los planes de alivio, mientras los residentes temen que lo peor aún esté por venir. En medio de las dificultades, la gente encuentra consuelo pasajero en pequeños gestos —cocinar con lo poco que tienen, adelantar celebraciones de cumpleaños, bailar bajo la luna— aferrándose a la alegría como una forma de supervivencia en una situación que sienten fuera de su control.
