En el barrio de Mataderos, en Buenos Aires, las carnicerías ya no venden solo carne de res: cada vez hay más pollo y cerdo. El consumo de carne vacuna en Argentina cayó a su nivel más bajo en 20 años debido al aumento de precios y las medidas de austeridad del presidente Javier Milei. Según datos recientes, el consumo anual por persona bajó de 49.5 a 44.5 kilos en un año.

Comerciantes y consumidores aseguran que muchas familias ya no pueden pagar los precios actuales de la carne de res. Mientras los salarios crecen lentamente, la inflación y el recorte de subsidios en servicios básicos han reducido el poder adquisitivo. En el último año, el precio de la carne aumentó más de 60%, impulsado también por la apertura de exportaciones y una menor producción ganadera.
Ante esta situación, muchos argentinos están cambiando sus hábitos alimenticios. El pollo y el cerdo se han convertido en opciones más accesibles para millones de personas. Dueños de carnicerías como Jorge García afirman que tuvieron que adaptarse a la nueva realidad para mantener sus negocios y seguir atendiendo a clientes que buscan alternativas más económicas.