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Las chinampas, los antiguos jardines flotantes de la Ciudad de México, son un ejemplo de agricultura sostenible y preservación ecológica, ya que proporcionan servicios ecosistémicos vitales en medio de la urbanización, la contaminación y las presiones del turismo.

Mujeres como Jasmín Ordóñez y Cassandra Garduño están recuperando y revitalizando cada vez más estos sistemas agrícolas tradicionales, desafiando los estereotipos de género y contribuyendo a la conservación del medio ambiente a través de prácticas reconocidas por organizaciones internacionales. Sus esfuerzos incluyen la restauración de la calidad del agua, la promoción de la certificación sostenible y la protección de la biodiversidad, como el axolotl, en peligro crítico de extinción, haciendo hincapié en la importancia de las iniciativas lideradas por la comunidad para mantener estos tesoros culturales y ecológicos.

A medida que avanza el desarrollo urbano, estos ecosistemas resilientes subrayan la importancia de preservar las prácticas agrícolas indígenas y los hábitats naturales, lo que ilustra un movimiento más amplio para armonizar el crecimiento urbano con la sostenibilidad medioambiental y el empoderamiento de las mujeres.